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DEFENSA
A VIOLETA PARRA
El cinco de febrero se conmemoraron
38 años de la muerte de la "Viola" ¿Cuánta gente
habrá ido a verla al Cementerio General? Probablemente los más
cercanos y amigos de toda la vida. Es impresentable que una artista tan fecunda
y genial como la Violeta pase desapercibida a los ojos de su pueblo, de su tierra,
la que tanto quiso y que le fue bastante ingrata, sobre todo en sus días
finales.
Por Pilar Gil
Pocos sabrán de su
humilde origen en la ciudad de Parral. Tuvo nueve hermano "los nueve sonvioleta
parra comunistas con el favor de mi Dios" diría después en
La Carta, canción que marca un hito en la música nacional. Pero
de eso hablaremos después. La Madre de Violeta, Clara Sandoval, era casada
en segundas nupcias con don Nicanor Parra, un humilde profesor de primaria de
la escuela local. La pobreza tal vez hizo que el padre de familia cayera en
el alcohol y al poco tiempo muriera de tuberculosis, sin antes enseñar
a sus hijos una de sus pasiones: la guitarra. Toda la chiquillería en
su más tierna infancia quedó a cargo de la señora Clara.
Dicen que la Violeta era
muy inteligente de niña. En el colegio destacaba, pero como también
era diabla, tenía una conducta de los mil demonios. Opuesto en conducta
era su hermano Nicanor, el mejor alumno de la escuela, que gracias a su esfuerzo
y a sus ganas de llegar a la cima pudo ser becado en el INBA, en Santiago, trabajando
también como inspector del colegio para poder costear sus gastos en la
capital.
Los recursos en Parral eran
muy escasos. Los cuatro hermanos mayores, Roberto, Hilda, Violeta y Lalo lustraban
zapatos en las plazas y cambiaban las flores en los cementerios para ganar algunas
monedas. Luego descubrieron que les iba mejor cantando, que era lo que sabían
hacer bien. Y así se iban de pueblo en pueblo, actuando en los fundos
de los patrones, con gran éxito.
Pero Nicanor no estaba tranquilo
en Santiago. Pensaba en su hermana, la Viola, "el corderillo disfrazado
de lobo", y el corazón le decía que ella podía también
superarse acá, ser más que una campesina o costurera. Con todo
su esfuerzo se la trajo a la capital, a la casa de una tía, la inscribió
en una escuela normal para ser profesora y con su escaso sueldo le compró
el uniforme. Poco lee duró el baile, porque la Violeta no era para encierros
y reglas. Sus hermanos llegan a la capital, a si que con la Hilda se dedican
a cantar en los bares de Matucana para mantenerse.
Nicanor la mira de reojo.
La Violeta se casa con Luis Cereceda y tiene dos hijos: Ángel e Isabel.
De a poco la música empieza a reconocerla y gana un premio en el teatro
Baquedano. Luego se traslada a Valparaíso, pero en su corazón
la lleva a dedicarse de lleno a la música. Para Luis esta mujer avanzada
a su época será un caballo indomable, que le desborda los límites.
Entonces se separan.
Violeta, sola, con sus hijos,
sigue adelante. Y el Nicanor la mira, la analiza hasta que le dice que se deje
de lesear con esas canciones popularonas que anda cantando en las boites. Eres
mucho más que eso. Desentierra el folclore de nuestra patria, canta y
compone algo que valga la pena. Y la Violeta le hace caso y su historia musical
da un gran giro. Anda por campos y fundos, atosigando a los viejos para que
le canten las canciones, arreglando angelitos, desempolvando los recuerdos de
tonadas que marcaron la historia de nuestro país. Recorre Chile de norte
a sur y de su propia tierra se nutre.
Para no caer en un largo
punteo de los hechos, hay que hablar de lo importante, como su viaje a Polonia,
donde es invitada a un festival organizado por las juventudes comunistas. Viaja
en barco y se queda muchos meses allá. Ya había tenido dos hijas
más en segundas nupcias, y estando lejos de casa le cuentan que se fue
a los cielos su querida angelita, Rosita Clara, de tan sólo meses de
edad. Nicanor dice que esa culpa se la llevará a la tumba.
La Violeta era muy adelantada
a su época. Ya bastante famosa de vuelta en Chile, es vista como una
hippie o simplemente como loca. La mayoría de los intelectuales la esquiva
y le cierra las puertas por no tener una educación formal "universitaria".
De esta forma, debe nadar contra la corriente, sin jamás desanimarse,
y no sólo combatir un desprecio intelectual, sino también machista.
Y aquí viene lo increíble
de esta historia. Esta mujer, volcán de inspiración y creatividad,
estando enferma de hepatitis agarra unos sacos y empieza a bordar, haciendo
arpilleras del más puro arte, poniendo todos sus sentimientos en la tela.
Lo mismo hace cuando agarra unos cartones y acuarelas y pinta. Poca gente ha
tenido el placer de observar estas obras, por la mala gestión de quienes
las poseen, pero quienes las han observado dicen que cala muy hondo.
Vive varios años
en París con sus hijos, y segura se la fuerza de su espíritu y
con ganas de enseñarle al mundo su folclor y su patria (hay que decir
también que los franceses, a diferencia de los chilenos, le avivaron
mucho la cueca) se va solita al Louvre a decir que quiere exponer. Dice la historia
que el comité del importante museo evaluó la propuesta y un encargado
fue a avisarle en persona que lamentablemente la propuesta había sido
rechazada. Con su espontaneidad la Violeta rompe en llanto, ahí mismo
frente al funcionario. Y tal fue la impresión que le provocó a
éste que su petición es reevaluada y deciden abrirle las puertas
del Louvre. Ahí está: primera latinoamericana en exponer en este
museo, por obra y gracia de sí misma.
Su regreso a Chile, luego
de muchos triunfos en el extranjero, irán marcando el camino sin retorno.
Todo corazón, pone sus sueños en una carpa que instala en La Reina,
que quiere convertir en Peña y dedicarla de lleno al folclor, a las empanadas
que ella misma amasa, al vino, al pan amasado. Pero su deseo se trunca, por
falta de mucho apoyo, incluso de su propia sangre. A la Violeta, después
de dedicar toda su vida a la gente, la dejan totalmente sola, con un terrible
peso en la espalda: el del fracaso.
Y ahí estaba esta
mujer, sin nadie con quien llorar sus penas. Ella, que le dio voz a toda la
Nueva Canción chilena. La Carta, tema compuesto en 1964, es la primera
canción con contenido social y político que prende los corazones
de jóvenes cada vez más politizados: Víctor Jara, Quilapayún,
Inti-Illimani, Pato Manns. Ellos son hijos de la Violeta.
No sé si el lector
conocerá parte de estos hechos, si se habrá sorprendido con el
breve recuento que deja de lado tantos otros hechos importantes que marcaron
su vida. Esta mujer enorme, nacida para ser la mayor artista que ha tenido nuestro
país, está empolvada, guardada en un cajón. Ahora casi
no se la nombra, por la falta de coraje y responsabilidad que le recae a su
familia en reconocer a una de las más grandes mujeres de nuestra historia,
temerosos de su gran sombra que los tapará siempre. Con ella se han cometido
las más graves injusticias, siendo que debería estar en el sitio
de honor de las vacas sagradas de Neruda y la Mistral. ¿Qué hay
por detrás? ¿Culpas? ¿Miedos? ¿Frustraciones? ¿Son
motivos suficientes para privar a todo un país de la imagen de una mujer
que transmite fuerza, esperanza, coraje y, sobre todo, sabiduría?
La Violeta se fue un 5 de
febrero, hace 38 años, Ella misma quiso apagarse. Antes, como previendo
su desenlace, como si lo hubiese tenido previsto de siempre, compone su disco
"Las últimas composiciones de Violeta Parra" su obra más
sublime. Se nos fue la Violeta ¿Quién recuerda su memoria? ¿Dónde
está su museo, la conmemoración de su muerte, sus arpilleras,
sus pinturas, sus cartas, sus discos empolvados, sus recuerdos de los cantores?
"Todo lo haces a las
mil maravillas
Sin el menor esfuerzo
Como quien se bebe una copa de vino.
Pero los secretarios no
te quieren
Y te cierran la puerta de tu casa
Y te declaran la guerra a muerte
Viola doliente.
Porque tú no te vistes
de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque hablas la lengua de la tierra
Viola chilensis
(...)
¿Por qué no
te levantas de la tumba
A cantar
a bailar
a navegar
en tu guitarra?
Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
una canción
Es lo que pido
Qué te cuesta mujer
árbol florido
Álzate en cuerpo y alma del sepulcro
Y haz estallar las piedras con tu voz
Violeta Parra.
Esto es lo que quería
decirte
Continúa tejiendo tus alambres
Tus ponchos araucanos
Tus cantaritos de Quinchamalí
Continúa puliendo
noche y día
Tus tolomiros de madera sagrada
Sin aflicción
Sin lágrimas inútiles
O si quieres con lágrimas
ardientes
Y recuerda que eres
Un corderillo disfrazado de lobo.
-Fragmento de Defensa a
Violeta Parra, por Nicanor Parra-
Fuente: Representa
Martes, 22 de febrero de
2005
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