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"CANTO NUEVO: UNA ANTIGUA HISTORIA".
por Nano Acevedo
Fuente: http://www.sitmuch.cl
Para intentar un breve análisis de lo que se dió
en llamar "Canto Nuevo" es preciso situarlo en el
tiempo y hablar de su matriz y vertiente; de la
que, este "Canto Nuevo", emergió, creció y se
constituyó en su prolongación: nos referimos a la
"Nueva Canción Chilena" (NCCH).
He leído, no sin cierto asombro, libros escritos
a la distancia, con graves imprecisiones; lo que
sin duda, crea una historia ilegítima, carente de
veracidad. Por ello resulta necesario hacer una
aproximación seria a nuestra historia musical de
los últimos cuarenta años, cuidando establecer
con precisión los nombres de sus protagonistas
más relevantes. Una visión más amplia y ajustada
de esta, el lector encontrará en los libros:
"Los Ojos de la Memoria" y "Folkloristas
Chilenos: retratos verídicos 1900-1950"; Cantoral
Ediciones, años 1995 y 2004 respectivamente.
SANTIAGO DE CHILE: CUARENTA AÑOS ATRAS.
El despertar de la música chilena era evidente;
tanto la "Nueva Ola" como el así llamado "Neo
Folklore", hicieron crecer un abundante mercado
musical para los temas e intérpretes chilenos.
Gran parte de la juventud de los años 50´, estaba
llena de prejuicios frente a tocar la guitarra en
público, se decía que era cosa de "maruchos";
sólo los evangélicos exhibían sus instrumentos de
cuerdas en las esquinas, por ello, la formación
de cuartetos vocales acompañados de una sola
guitarra al estilo de los argentinos "Huanca-Húa"
o "Trovadores del Norte", y que comenzaron
imitando en Chile "Los Cuatro Cuartos"-grupo
integrado por "Chino" Urquidi, "Conejo" Morales,
Patricio Torti y Pedro Messone; posteriormente
saldría Morales e ingresa Willy Bascuñan el que
posibilitó la confección de un repertorio
notable, y se incorpora Carlos Jorge Videla un
barítono de amplio registro- prendió en los
muchachos de aquella época y así florecieron
innumerables grupos como: Los de La Escuela; Los
de Medianoche; Voces Andinas; Los Paulos; Los del
Pillán; Los de Las Condes y Los de Santiago,
entre otros.
De los roperos se sacaron las vihuelas e
inspirados autores como: Raúl De Ramón, Rolando
Alarcón, Sofanor Tobar, Kiko Alvarez, Orlando
Muñoz y Alsino Fuentes por mencionar algunos,
rescataron del caudaloso río de la tradición,
antiguas formas musicales, vaciando en estas,
textos y melodías que, con la positiva
complicidad de las radioemisoras, se hicieron
populares. Para ello fue necesario un largo
proceso que proviene de los cultores de la
tradición; las cantoras de rodeos; de velorios de
angelitos; los cantores a lo humano y lo divino-
estilo que aún se mantiene vigente en algunos
sectores rurales-; payadores y poetas populares;
sin olvidar a los grupos creados para interpretar
de preferencia canciones y tonadas de paisajes y
costumbres escritas a mediados del siglo pasado
por: Petronila Orellana, Luis Aguirre Pinto,
Diego Barros Ortiz, Osmán Pérez Freire, Francisco
Flores del Campo, Víctor Acosta, Clara Solovera,
Luis Bahamondes, Segundo Zamora, Adriana Pérez
Luco, Lalo Silva, Efraín Navarro, Óscar Olivares,
Hugo Lagos, Humberto Campos, Juan Arroyo, Mario
Oltra y Alejandro Angeloni por citar algunos.
Proceso que se va nutriendo de variadas fuentes;
que se hunde, reclama y rescata voces asimiladas
por el pueblo; que se va construyendo en forma
dinámica; por la memoria popular y su tradición
oral; tal un río recoge de sus orillas, los
materiales con que construye un cuerpo macizo y
armonioso.
La música tradicional (folklore musical) ha
existido con el hombre, lo ha acompañado en cada
instante de su vida, de lejos ha permanecido en
murmullos, cantos de pájaros, aguas que se agitan
al fondo de la noche, maderas que rozan el
viento, silbos perdidos y piedras que percute el
tiempo. En fiestas, ceremonias, velorios, ritos,
trabajos, juegos, oraciones, guerras, el canto
crecido de lo más hondo ha salido a tierra, para
florecer en los labios del antiguo, para ser
instrumento colectivo de amores y furores.
Cada sitio tiene su rumor, cada caserío conserva
en su memoria colectiva la huella de sones, las
patrias recogen en su oído ancestral todo acorde,
la dimensión del ruido, la altura cardinal del
grito. Y allí entonces el cultor que aprende de
sus gentes, que vive en terreno aquella
manifestación pausada o clamorosa que es parte
propia de su vida. Luego entramos en un abanico
delicado, los ojos que desde fuera horadan el
tejido.
En ese campo de la recopilación y difusión de lo
nuestro, de la veta más rica y generosa de
nuestra música, se empina la multifacética figura
y magistral obra de Violeta Parra; el trabajo
musical impecable y las investigaciones de la
maestra Margot Loyola; la perseverancia y solidez
de la escuela de Gabriela Pizarro; los
considerables aportes realizados de norte a sur
del país por Héctor Pavéz, Silvia Urbina, Raquel
Barros, Osvaldo Cádiz, Osvaldo Jaque, Estanislao
Pérez, Hiranio Chávez, Calatambo Albarracín,
Amador Cárdenas, Patricia Chavarría, Claudio
Lobos, Clemente Izurieta, Adolfo Gutiérrez, Jorge
Cáceres, Ricardo Palma, René Zarzosa, Diómedes
Valenzuela, Lautaro Manquilef, Fidel Sepúlveda y
un centenar de voces y figuras de alto nivel que
sería imposible contener en estas breves páginas.
Así también, cruza las edades de nuestra música
la cueca campesina y de salón. La cueca de
barriadas; chinganera, diabla y chilenera;
expresión de gran colorido y musicalidad, crecida
en la Vega; el Matadero; el barrio Franklin;
Estación, Central; el puerto de Valparaíso y San
Antonio; capturada en burdeles, cocinerías y
fondas dieciocheras. En la alquimia de su verso,
se funden asombrados, los dichos y formas
populares de barriadas y mercados, junto a un
vuelo de imágenes brotadas de una sensibilidad
que permaneció cautiva. La cueca chilenera
trabajada pulcramente, generalmente en tonos
menores, melódica y rítmica por excelencia, con
una batería percutiva que alcanza desde "tarros
hasta sillas de terciado, conchas de locos,
cucharas de té y ceniceros". En esta destacamos
como precursores en la primera mitad del siglo
pasado a: Hernán Núñez Oyarce, Mario Catalán, El
Perico, El Baucha, Rafucho, El Mesías y el
Tumbaíto y hoy cuando se produce un resurgimiento
de esta expresión destacamos a grupos como: Los
Afuerinos, Altamar, los Paleteados del puerto y
Mario Rojas entre muchos otros.
"NUEVA CANCIÓN CHILENA"
La Vice Rectoría de Comunicaciones de la
Universidad Católica de Chile, convoca en 1969 al
"Primer Festival de la Nueva Canción Chilena"
evento que tiene como objetivo reunir a
importantes autores y compositores en una muestra
de obras innovadoras. Hay como en todos los
eventos, distintas tendencias, algunas más
apegadas a lo tradicional; otras de raíz
folklórica y hasta temas decididamente de corte
popular. Al rememorar los nombres de estos
participantes, queda de manifiesto, la amplitud
de esta muestra: Willy Bascuñan, Raúl De Ramón,
Sergio Sauvalle, Sofanor Tobar, Víctor Jara,
Rolando Alarcón, Richard Rojas, Kiko Alvarez,
Martín Domínguez, Orlando Muñoz y Alsino Fuentes.
En 1970 se integran: Eugenio Rengifo, Oscar
Cáceres, Carlos Alegría, Samuel Baeza, Carlos
Henríquez, Valericio Leppe, Pedro Yáñez, Fernando
Ugarte, Gonzalo Grondona, Homero Caro, Agustín
Alvarez Villablanca, Sergio Ortega e Isabel
Parra. Se incorporan en 1971: Carlos Smith,
Martín Pino, Alejandro Reyes, Gustavo Toro
Romero, José Alfredo Fuentes, Iván Marcos, Genaro
Prieto, Igor Colima y Enrique Fernández. Algunos
de los invitados al show en estos tres años de
festival son: Grupo Chagual; Mira y Poncho; Los
Huasos de Algarrobal: Inti Illimani; Chalinga;
Quilapayún; Dúo Rey Silva; Nano Acevedo; Isabel
Parra y Los Huasos Quincheros.
Este encuentro marca un hito importante por
muchas razones: primero por la diversidad de
participantes en el festival e invitados al show;
la riqueza musical y textual de las obras
propuestas y el momento político en que se
origina. La crisis socio-política acentuada en
1972 hace imposible un nuevo evento, más sucede
un fenómeno importante, los artistas de izquierda
que son mayoría, continúan en un movimiento que
no cesará y que se desarrolla con rapidez
acicateado por las circunstancias políticas.
Los creadores vanguardistas van cohesionado un
discurso que se ha puesto del lado de los grandes
cambios, de pensar un país diferente y proclama
la justicia social. La fuerte corriente renueva
los esquemas; es un canto contestatario; una
poética que desnuda las injusticias y propone
soluciones; musicalmente se sale de los marcos
hasta ese instante inalterables y comienza a
explorar con ritmos populares y latinoamericanos;
nuevos instrumentos de cuerda, viento y percusión
se incorporan; las armonías se enriquecen; la
NCCH se constituye en una propuesta estética, en
una corriente innovadora que no pasa y se queda,
que suma nuevos creadores, que se dispersa por el
país en giras y actos multitudinarios.
NADA ES NUEVO BAJO EL SOL
"Existía la necesidad de rotular, de etiquetar
un movimiento. Buscamos muchos nombres que
cumplieran con dos requisitos: que fuera fácil de
retener y que sugiriera una vinculación con la "
Nueva Canción Chilena". Así surgió este nombre
que es una forma de mostrarle al público la
existencia de un grupo de artistas que está
trabajando por objetivos similares".
(Ricardo García).
"El Canto Popular, entendido como una expresión
adscrita a la difusión masiva y a la reproducción
técnica - diferenciable del canto del pueblo o
folklore musical, expresión directa del pueblo-,
adquiere preponderancia cultural en Chile a
partir de la década del sesenta, y se manifiesta
de modo orgánico en la Nueva Canción Chilena
antes de 1973 y en el Canto nuevo a partir de esa
fecha". (Alvaro Godoy).
Si bien el "Canto Nuevo" es situado a partir de
1974-75 en las primeras Peñas surgidas
inmediatamente después del golpe militar: "Peña
Javiera", "La Picá", " La Parra, " La Fragua"
y
posteriormente en algunos actos realmente
heroicos que se produjeron en sindicatos,
poblaciones y universidades, estimo que es una
continuación de la "Nueva Canción Chilena" y en
él se inscriben variadas corrientes y estilos
musicales que se extienden hasta nuestros días,
los que en un momento socio-político se sienten
responsables de contribuir al proceso de retornar
a la democracia, con una canción en pro de los
derechos humanos, del humanismo, de la ecología y
la diversidad cultural. En 1976 se realiza en el
Teatro Caupolicán un evento artístico que produce
y conduce Ricardo García , allí actúa el primer
elenco que graba un disco y aparece en un hermoso
afiche bajo el título de "Canto Nuevo".
Este contempla los siguientes artistas según el mismo orden allí
expuesto:
CAPRI
NANO ACEVEDO
AQUELARRE
CURACAS
CHAMAL
GRUPO KAMARA
OSVALDO DÍAZ
AYMARÁ
LOS ZUNCHOS
ORTIGA
PEDRO YÁNEZ
WAMPARA
La composición anterior nos reafirma la tesis de
una actitud de transmitir contenidos liberadores
con una fuerte dosis de elementos originales, por
sobre un género musical determinado. Es
coyuntural en primera instancia. En el caso del
disco el productor selecciona lo que a su
entender puede resultar masificable. Por lo que
el Canto Nuevo no es un estilo definido sino, un
abanico de expresiones musicales que tienen un
denominador común: son canciones creadas e
interpretadas por artistas contrarios al régimen
imperante, provenientes de ámbitos distintos,
algunos ya han participado de la Nueva Canción
Chilena, otros son artistas emergentes. Se busca
concientizar, sensibilizar, subir el ánimo de
quienes resisten, dar una señal de lucha,
denunciar situaciones, abrir tribunas, ganar
espacios. Hasta quienes acuden al humor lo hacen
riéndose de la tiranía, la paya también está en
esa línea. La dictadura militar entonces contrata
en sus canales a mucha vedette, cómicos
revisteriles y versificadores de tercer orden que
hacen gala de un chauvinismo patético; mientras
amedrenta, detiene y hace desaparecer a los
artistas contrarios al régimen, persigue a los
que simpatizan con la oposición; las "lista
negras" están a la orden del día, la censura
amordaza y detiene. Mas las peñas desde la
histórica " Javiera " en adelante, son escenarios
valientes donde hacen su bautismo de fuego nuevos
cantores.
¿ DÓNDE IREMOS A PARAR SI SE APAGA LA JAVIERA?
En los actos relámpagos crecidos del afán
libertario que realizamos en 1974 , pensé en una
suerte de "Bodeguita del Medio" a la chilena y de
ese modo instalé una peña en mitad del miedo.
Comenzamos en el viejo restaurante "Antofagasta"
de calle Mac-Iver al llegar a Monjitas y a los
pocos meses nos trasladamos al interior del
restaurante "El Mundo" frente al Teatro
Caupolicán hoy Monumental. Hablamos de Julio de
1975 y de un elenco que contemplaba a figuras
consagradas y cantores emergentes, entre muchos
otros estaban: Margot Loyola, Gabriela Pizarro,
Lázaro Salgado, Illapu, Barroco Andino, Ortiga,
Aquelarre, Capri, Pedro Yáñez, Osvaldo Torres,
Natacha Jorquera, Isabel Aldunate, Alfredo Labbé,
Mario Fontana, Leo Vallejos, Dúo Semilla, Eduardo
Peralta, Claudia Céspedes, Carlos Arriagada,
Sergio Araya, Checo Catalán, Mario Lanas, Daniel
Tillería, Alvaro González, Guillermo Veiga, Jorge
Cartes, Rolando Escobar, Marcelo Moreno, Cristian
Cáceres, etc.
Por una parte, estos casi treinta años
transcurridos han desvanecido en muchos el valor
que tuvo la primera tribuna del arte popular
crecida en Chile bajo la tiranía, bajándole el
perfil a una iniciativa inédita en nuestra
patria, donde un centenar de artistas se une y
reúne para mantener largos años, a pesar de toda
clase de amedrentamientos, un escenario
democrático abierto a todas las expresiones del
arte.
Aún encontramos amigos de sectores diversos ,
profesionales y obreros, mujeres y músicos que,
alguna vez subieron al estrado mágico de la
"Javiera" para entonar una canción prohibida ,
para reír con las penitencias de la "Bandita",
para sacudirse el pánico y mirar a los ojos a
otros seres que también luchaban -cada uno en su
estrella - por volver a vivir sin asomo de
celadas .
La primera etapa de la "Peña Javiera" la vivimos
de mediados de 1975 a 1980 en San Diego 846,
frente al Teatro Caupolicán, para luego revivirla
en la Quinta de Recreo Ecuador de calle Catedral
frente a los Estudios KV entre los años
1984-1988. Muchos de aquellos artistas están
ahora en el extranjero; otros se vieron obligados
a asumir oficios diversos; los menos seguimos la
porfiada senda creativa.
Pero nada es y ha sido comparable a las noches de
la peña valiente y magnífica que creamos con amor
y pasión a comienzos de la década del 70; nada ha
sido tan gratificante como esos años de crear y
poner sobre el días nuestra vida si era preciso,
sencillamente por la música eterna de la
libertad; un tablado en mitad del miedo que
resistió con valor y audacia los años de la sin
razón. La "Javiera" constituyó un baluarte donde
el "Canto Nuevo" diseminó la semilla libertaria
en poemas, canciones, pinturas, obras de teatro,
festivales, maratones culturales, y todo tipo de
actividades con un elenco imposible de conseguir
por estos días. Lo mejor de la música de raíz
folklórica y popular se fundía a entusiastas
jóvenes venidos de Universidades y poblaciones,
otros llegados de provincias, se sumaban a una
empresa peligrosa.
Diviso la joven silueta de la poetisa Bárbara
Délano, desaparecida en el mar, cuando cayó el
avión en el que retornaba a Chile; creo escuchar
al dúo de Adriana Campusano y Luis Vicentini, con
su tertulia amable y luminosa, ambos partieron
con meses de diferencia. Como olvidar a Baccio
Salvo, nuestro recordado hombre de las finanzas.
A Lázaro Salgado y su musa Ema Bello, el grande
payador de la república, aferrado a su acordeón y
escanciando a sorbos su vino negro, dispersó en
nuestro escenario la sabiduría colosal del arte
mayor que es la paya. Tuvimos la fortuna de
gestionar -con René Largo Farías y el celebrado
arpista Hugo Lagos- el traslado de sus restos y
luego acompañar en su lecho de enferma a Doña Ema.
Nos sacuden el alma ausencias inesperadas,
colegas y compañeros que ya no están: la chispa
innata del payador Pascual Santana; el resplandor
de Ricardo Rosell del grupo "Mashku"; el sólido
quenista Max Reyes; el talentoso compañero y
músico Juan Carlos García, director de "Ortiga".
Nos duele no contar con la amistad de "Memo"
Valdés; la calidez y talento de "Pirincho"
Vergara; el rigor y escuela de Arturo San Martín;
el esforzado Chago Cavieres; el valiente poeta
popular "Ño Jacinto" y hasta lo impredecible de
Samuel Aravena, que nos abrió las puertas del
Restorant "El Mundo", todos ellos vivos en
nuestra memoria.
Hay más de un centenar de artistas populares que,
caminaron con nosotros la fría noche dictatorial,
que pusieron de pie el canto para que bebieran de
esas aguas la trova actual.
Hombres y mujeres que dieron una frontal lucha
por el retorno a la democracia, por el derecho de
vivir en paz, por la restauración de un estado
soberano y por el fin del azote oscurantista,
nutrido fue el repertorio nacional con poética y
creatividad, y el compromiso de no descansar un
segundo, hasta no ver la patria liberada.
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