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MAURICIO
REDOLÉS: ''Todavía creo en la dictadura del proletariado''
Recién cumplió
50 años, pero ni el paso
del tiempo ni lo que algunos ilusos llamarían
madurez lo hacen claudicar de lo que siempre ha
defendido. Sin rencor, sin odiosidad, pero con
mucha honestidad y vehemencia, este reciclador
cultural rememoró con nosotros el mundo que pasó
y cómo debiera ser uno no tan 'conchasumadreado'
como el de hoy.
por Gabriel Agosin O.
Mauricio Redolés
se nutre de la creatividad del resto. ¡Un plagiador! No, no, no. Nada
de eso. Lo que pasa es que Redolés, como lo ha confesado, anda como loco
recogiendo papeles con garabatos que después transforma en sus poemas
o letras de canciones. Es, en el fondo, un reciclador de la cultura callejera,
esa misma cultura que muchos desprecian y miran sin valor, pero que para él
es crucial a la hora de crear. ¿Pero
será tan así o es más bien un mito para dárselas
de choro?
Es así, y lo confirmamos
a los pocos minutos de nuestro encuentro en la Fech, cuando al emprender el
rumbo hacia una café del centro, se detuvo a recoger un papelito que
lo miró y luego guardó en el bolsillo de su pantalón como
si se tratase del tesoro más preciado que le podría haber entregado
esta ciudad tan gris.
¿Y en qué
andai, Mauricio?
- Casi no he dormido estos
días porque estuvimos terminando un proyecto Fondart. Queremos hacer
una ópera rock basada en el disco Bailable de Cueto Road, que es la recreación
de un radio teatro y que tiene como escenario un ring de box. Este proyecto
ya lo montamos hace 4 años, pero ahora queremos hacerlo poniendo toda
la carne a la parrilla, ¿cachai?
Contando actores, músicos,
sonidistas,
escenógrafos y vestuaristas, suman como 15 los
individuos que dan vida al "nosotros" del que
habla Redolés, entre los cuales, era que no, se
encuentran sus inseparables Ex Animales
Domésticos.
Fue con sus socios de siempre
que el viernes
pasado celebró su cumpleaños número 50 en la Sala
SCD de Vespucio. Atraídos por conocer cómo este
poeta disfrazado de músico ve lo que ha sido su
medio siglo de vida, conversamos con él, además
del futuro, del pasado, tortura y exilio
mediante, que lo tocó vivir.
VA A LLEGAR OTRO 73
Mauricio Redolés
estudió derecho. Primero en la
Universidad Católica de Valparaíso y al año
siguiente entró a la Universidad de Chile, sede
Valparaíso. Poco eso sí puedo estudiar. El Golpe
lo sorprendió cuando todavía era un mechón. La
beca Pinochet no se hizo esperar y al año
siguiente ya estaba fuera de Chile.
- ¿Qué
cosas han cambiado culturalmente desde que eras joven?
- Lo de ser maricón.
Antes era imposible que alguien gay se mostrara públicamente.
- Y sobre todo en el
PC, un partido de machos.
- En los 50 habían
connotados homosexuales que eran militantes del partido. Existía la tolerancia.
Decir que el PC no aceptaba a los marciones no es así. Había maricones,
¡pero maricones de izquierda eso sí, ah! En todo caso, es cierto
que hasta fines de los 80 ser gay era un problema en el PC. Me acuerdo que en
un encuentro de las juventudes comunistas, un argumento que se utilizó
para descalificar a alguien es que era homosexual. Yo venía llegando
de Inglaterra y eso era una hueá que estaba superada hace siglos y nos
dio risa a mí y a mi mujer.
- ¿Anacrónico
total?
- Absolutamente. El de antes
era un país más bruto que quedaba de manifiesto en cosas como
esas, o lo relegada que estaba la mujer socialmente. Además, había
una polarización política e ideológica exacerbada, pero
vamos a tener que llegar a eso de nuevo. Esta sociedad tiene que pasar por eso
otra vez porque no lo superó. Va a llegar otro año '73, pero ahora
va a ganar la razón, va a ganar la humanidad, no van a haber muertos.
¿Por qué?, porque hay cambios estructurales que están pendientes
desde esa época.
- Esa pelea la diste
mucho tiempo en el PC, ¿descartas ahora una lucha militante?
- Me gustaría ser
parte de un partido que todavía no existe. Si viera que hay uno que está
por la recuperación democrática de Chile, por la defensa de los
trabajadores, por parar el saqueo de las transnacionales, por lograr hacer que
la gente tenga la utopía de una sociedad más justa y que los lleve
a decir, cómo se ha logrado en su momento, sí, prefiero faltar
al trabajo y que me lo descuenten, pero hoy estoy en huelga, entonces ahí
sí volvería a militar.
- Pero el PC dice defender
justamente mucho de lo que planteas.
- El problema del PC es
que no ha sabido renovarse. Además, lo primero que tendría que
hacer el PC es pedir perdón a la izquierda de este país.
- ¿Por qué?
- Porque el PC era un partido
muy, muy, muy importante para la revolución y para la izquierda. Tenía
una responsabilidad y se la farreó por las luchas internas y por no saber
renovarse. Además, los que quisimos que el PC se renovara fuimos denostados
y considerados revisionistas.
DESPINOCHETIZANDO EL
PAÍS
- ¿Qué
es para ti Pinochet?
- Es parte del espíritu
chileno. En Chile, el hecho que nadie reclame, crea a los Pinochet. En otro
país, el Sernac por ejemplo tendría un edificio enorme frente
a La Moneda. Habría una cultura del reclamo que nosotros no tenemos.
Acá todo el mundo te pasa a llevar y si reclamas te sientes acosado.
Te pongo un caso: hace unos días estuve una hora en el BancoEstado de
Chacabuco con San Pablo y el cajero que me tenía que atender hace pasar,
después de tenernos una hora esperando como hueones, a la fila privilegiada.
¡Y nadie reclamó! Fui el único y todos lo vieron. Y es más,
me hacen callar: ahí está Pinochet. Está en el alma.
- ¿Cómo
se podría extirpar ese Pinochet?
- Yo trabajo con los Ex
Animales Domésticos y cuando ensayamos nos decimos las cosas en la cara.
Eso es despinochetizar la sociedad. Pero para decirse las cosas tiene que haber
cariño y amor. La verdad puede doler, pero es la verdad. La tolerancia
puede costar, pero hay que practicarla. A veces uno tiene la razón, pero
hay que respetar al que no la tiene.
- En ese sentido, ¿ves
con respeto a la UDI cuando busca una propuesta para solucionar los problemas
de los Derechos Humanos?
- No, porque hay malicia
detrás y porque el tema es muy complejo. La Concertación no solucionó
el problema en su momento como no lo ha hecho con otros problemas. Algunos van
morir con el tiempo. Castigo a los culpables, por ejemplo, en 10 años
más no va a tener sentido porque van a estar muertos. El problema es
que moralmente la solución no puede venir de los culpables. No puede
existir si no hay una moral de por medio, porque es un problema moral. Lo primero
que tiene que hacer la UDI, entonces, es pedir perdón, porque si no está
moralmente está inhabilitada. Ellos lo aprovechan políticamente
porque hay un vacío. Mientras exista ese vacío, no me interesa
soluciones de plata. A mí no.
- ¿Crees que el
tema se va a solucionar realmente algún día?
- Eso es casi irreparable.
Lo que queda es el futuro y es por eso que hay que dar señales de que
el Ejército no es una institución represiva. Como eso es impensable
hoy en día, tendrán que retirarse o morir los que fueron parte
de las Fuerzas Armadas durante la dictadura para estar más tranquilos
del rol que cumplen en la sociedad.
- Y en el resto del país,
¿se ha hegemonizado e internalizado en términos culturales la
noción de lo que son los derechos humanos y lo que implica su respeto?
- Hay sectores dentro de
la derecha que no son fascistas, pero para sectores que sí lo son la
violencia en contra de quienes promueven el desorden es absolutamente justificado.
Además, la izquierda no tiene la cultura de la tortura como parte de
sus hábitos, en cambio la derecha la tiene muy fresca. Es por eso que
no hay que confiarse plenamente de ellos.
- ¿Y en qué
crees entonces?
- En la dictadura del proletariado,
de los trabajadores, no en el sentido de una dictadura con un partido central
y estalinista, sino uno transversal a los trabajadores. Otra cosa que creo es
que va a llegar un momento de confrontación con la gente que defiende
el robo del cobre en Chile o la explotación de la gente. No va a ser
un clima de violencia política como hubo en 1973, pero de alguna manera
resurgirá una lucha por la verdadera democratización país.
Si a eso la derecha resiste con violencia, entonces es posible que llegado ese
momento estamos ad portas de un nuevo 1973.
- ¿Consideras
iluso pensar en una sociedad integrada entre trabajadores y empresarios?
- No es iluso porque existe
y se llama Chile, y Chile es un país de derecha. Por eso cualquier visión
de izquierda tiene que contemplar a la derecha y en ese sentido tiene que ser
una sociedad más armónica.
- ¿Y por qué
no hemos llegado a ese estado de armonía?
- Por los niveles de conciencia
de la gente y del debate público. El de hoy es mucho más bajo
que en los año 80. Todo es más plano y los niveles de conciencia
son más planos. Los medios de comunicación están en manos
de la derecha y Televisión Nacional es cada vez menos nacional. Pero
lo más grave y lo más significativo al mismo tiempo, es que la
inconsistencia de una batalla ideológica implica que alguien diga que
le gustan los marcos de los lentes que usa Lavín y por eso vota por él.
Con eso, que es muy frecuente, estamos fritos, ¡estamos cagaos!
8 de Junio del 2003
Fuente: http://www.elmostrador.cl
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